Durante 200 días, nuestra ciudad vivió libre de lo más represivo
Durante 2020 Barcelona convivió 200 días sin detenciones, sin internamientos, sin expulsiones. Durante 200 días, nuestra ciudad vivió libre de lo más represivo de las políticas migratorias.
En el último trimestre del año, y actualmente, los internos viven en un penoso sobreinternamiento dentro del internamiento ya previsto por la legislación. Y después de meses, ni el Ministerio del Interior ni los órganos judiciales han tomado medidas efectivas para aliviarlo sino, por el contrario, parece que ha habido una voluntad de normalizar y perpetuar esta anómala situación de aislamiento social de los internos.
Como cada año desde 2012, el equipo de visitas en el CIE de la Zona Franca de Migra Studium es testigo y acompañante del día a día de las personas privadas de libertad en el centro.
El 2020 ha sido un año atípico en todos los aspectos de la realidad. Los desafíos que trajo la pandemia por la COVID19, de repente han contaminado la vida cotidiana de nuestros países. El régimen de internamiento, la política de expulsión, la vida dentro de los centros tampoco han sido ajenos a la pandemia. En este informe se puede descubrir hasta qué punto el coronavirus trastocó las expectativas de la política migratoria, una vez desatada la pandemia y el Gobierno central declaró el estado de alarma y el confinamiento domiciliario de la población, a partir del 14 de marzo. Seguramente, la más llamativa de las consecuencias de la pandemia fue la expulsión o la liberación de los pocos internos que todavía estaban, y el desalojo del dispositivo, el pasado 19 de marzo.
El presente informe refleja las diversas situaciones que se dieron en 2020, en relación con el internamiento de personas migrantes en el CIE Zona Franca. Por un lado, la labor de visitas y acompañamientos a internos durante la práctica totalidad del primer trimestre. Una tarea que no fue fácil ya durante el mes de febrero e inicios de marzo, mucho antes del estado de alarma, cuando las noticias sobre el alcance de la pandemia en Italia y el resto de Europa eran alarmantes; o el goteo de países que cerraban fronteras con España no dejaba de crecer. Los internos que entonces estaban encerrados lo sabían: fueron semanas vividas con mucha tensión dentro del CIE, que hacían más complicado el acompañamiento de calidad por parte del equipo de Migra Studium.
Durante 200 días, el CIE de la Zona Franca existió sin internamientos. Siendo imposible la práctica de expulsiones, los CIE de España permanecieron vacíos hasta el anuncio del Gobierno de reactivar los internamientos, a partir del 23 de septiembre.
Y por último, el 5 de octubre, la actividad de internamiento se reactivó. Y, con ella, la facilitación de las expulsiones o devoluciones. Sin embargo, la dirección del CIE, a través de la complicidad de los órganos judiciales, impidió el reinicio de las visitas y el acompañamiento de Migra Studium, de cualquier otra ONG, del Servicio de Atención Religiosa e incluso de las familias y amistades de los internos.
El CIE se ha convertido en un puesto de internamiento agravado dentro del propio internamiento previsto en la Ley de Extranjería. Por eso, el título del informe: "Menys drets, més patiment". Cuando las limitaciones de derechos han restringido aún más las libertades de los internos, el internamiento les ha causado mucho más sufrimiento. El proyecto de acompañamiento y visitas ha sido testigo de este sufrimiento.
Con el informe, Migra Studium pretende visibilizar dos realidades totalmente opuestas, pero que han sido posibles durante el 2020. La primera realidad es que Barcelona convivió 200 días sin detenciones, sin internamientos, sin expulsiones. Durante 200 días, nuestra ciudad vivió libre de lo más represivo de las políticas migratorias.
La segunda realidad es que en el último trimestre del año, y actualmente todavía, los internos viven en un penoso sobreinternamiento dentro del internamiento ya previsto por la legislación. Y que después de meses, ni el Ministerio del Interior ni los órganos judiciales han tomado medidas efectivas para aliviarlo. Por el contrario, parece que ha habido una voluntad de normalizar y perpetuar esta anómala situación de aislamiento social de los internos.