Imatge o vídeo destacat
Presentació llibre

Cuando la hospitalidad se hace práctica cotidiana

El jueves por la tarde, la sede de los Jesuitas de Cataluña en Barcelona acogió la presentación del libro Ser puerta abierta. La hospitalidad en el corazón de la espiritualidad, un acto que tomó la forma de una conversación compartida sobre qué significa, hoy, “vivir con la puerta abierta”, con voces de diversas personas que lo practican. El encuentro se centró en una palabra que en Migra Studium no es teoría, sino vida cotidiana: hospitalidad.

El libro, publicado por el sello SalTerrae y firmado por Alberto Ares, Jennifer Gómez y María del Carmen de la Fuente, defiende la hospitalidad como una fuerza capaz de “sanar heridas”, “unir lo que está separado” y tejer fraternidad en una sociedad marcada por el miedo. Relee las raíces bíblicas y la tradición cristiana de la acogida con ejemplos concretos y mirada realista. No habla de una hospitalidad idealizada, sino concreta: la que se practica en medio de la fragilidad y construye comunidad desde la cotidianidad.

Nuestra directora, Maria Coll, abrió el encuentro conectando el contenido del libro con la realidad que vivimos cada día en Migra Studium: la acogida como espacio seguro, como lugar donde las personas pueden seguir su camino. Recordó que la hospitalidad no es solo un proyecto, sino una manera de situarnos ante el mundo y ante el otro.

María del Carmen de la Fuente, coautora del libro y coordinadora del sector social de Jesuitas en Cataluña, presentó la obra como el “fruto de una experiencia reflexionada”: una síntesis que nace de lo que se ha ido viviendo. Insistió en una idea que resonó a lo largo de toda la conversación: la hospitalidad no puede quedarse en el discurso. Se debe practicar. Es gesto, es tiempo, es presencia. Es sentarse, escuchar, compartir mesa. Es sostener procesos lentos. Es perseverar.

En su intervención, De la Fuente señaló raíces y frutos de la hospitalidad. Entre las raíces, subrayó que la hospitalidad es un valor intrínseco a la humanidad, presente en tradiciones religiosas y humanistas, y vinculada al instinto de protección de la vida. También la conectó con el relato bíblico de un pueblo en camino y con la convicción de que la hospitalidad se concreta en gestos sencillos y cotidianos.

En cuanto a los frutos, compartió algunos aprendizajes: constatar que todas las personas llevamos una historia de migración y extranjería, porque nadie es siempre huésped o anfitrión; reconciliarnos con nuestra propia fragilidad; valorar los cuidados; y “dar tiempo” a la cotidianidad —hablar, compartir, escuchar— como camino para construir comunidad y esperanza. En este horizonte, señaló la espiritualidad ignaciana compartida por los autores como el sustrato que inspira y sostiene la resistencia necesaria para perseverar en el deseo de acoger.

La conversación incorporó también la perspectiva de Elisabeth Lheure, colaboradora de AUDIR y miembro de la comunidad Bahá’í de Barcelona. Con el paralelismo de las etapas de la vida, describió la hospitalidad como un signo de madurez: el paso del “yo” al “nosotros”. La definió como una forma de servicio y también de oración, recordando que la vida espiritual nos compromete con la transformación social y el bien común.

Los testimonios dieron cuerpo y emoción a las ideas. Abdennasser Boudrikech habló de la hospitalidad como un deber moral aprendido desde pequeño, en Marruecos, donde es habitual vivir con las puertas abiertas y con la casa preparada para compartir lo que se tiene. Agradeció la acogida recibida de la red de hospitalidad y explicó que, para él, acoger es una forma de respeto y dignidad.

Pilar Ferriz compartió la experiencia comunitaria de hospitalidad en Sant Feliu de Llobregat, destacando lo que ocurre en las conversaciones y cenas, cuando la acogida genera espacios inesperadamente transformadores. Carmen Juares, responsable de la acogida en Migra Studium, remarcó la importancia del primer acompañamiento: poner a la persona en el centro, cuidar el espacio y el trato, lograr que quien llega sienta que es esperado.

Finalmente, Cheikh Abdoul Khadre Drame, educador de nuestra red de hospitalidad, evocó su infancia en Senegal, marcada por las puertas abiertas y la naturalidad de invitar a todos los que pasan. Explicó el sentido de la palabra teraanga, que expresa hospitalidad, pero también respeto, generosidad, comunidad y solidaridad: un valor aprendido en casa y vivido en familia.

La velada se cerró con la interpretación musical de Casa abierta del Dúo Guardabarranco, a cargo de Luis Berríos. Una canción nicaragüense que dio continuidad a la conversación y convirtió en melodía lo que había ido tomando forma en palabras a lo largo de la tarde.

Más allá de una presentación, fue un espacio de encuentro. Un recordatorio de que la hospitalidad no se improvisa ni se impone: se cultiva día a día, en los gestos sencillos y en la voluntad de hacer lugar al otro. Es una práctica cotidiana que nos reconcilia con nuestra fragilidad, que nos enseña a dar tiempo y que abre caminos de esperanza.

En Migra Studium lo sabemos bien: vivir con la puerta abierta transforma tanto a quien llega como a quien acoge. Y es en este espacio compartido donde, silenciosamente, se construye comunidad.