No se ha de dejar el debate sobre migración al papa

No se ha de dejar el debate sobre migración al papa

Xavier Alonso1 (Artículo publicado en el blog de Cristianisme i Justícia) Enrico Letta, ex primer ministro italiano, hace poco dijo: “Necesitamos voces del todo proeuropeas para hablar de las soluciones al problema de la inmigración. No podemos dejar el gran debate público, por un lado, a los Salvini, Le Pen, Orban y, por otro, a las ONG del Mediterráneo y al papa”. Conviene recordar que el origen político de Letta es la democracia cristiana.

El papa Francisco ha llevado a cabo varios gestos pastorales radicales en favor de los inmigrantes que llegan a Europa. El primero, en Lampedusa, sólo cuatro meses después de ser elegido. Hace ya seis años que lo oímos, persistentemente. Es aquí donde Letta echa de menos una voz más, que no sea ni civil, ni religiosa, ni antieuropeísta: una voz institucional europeísta. ¿Por qué?

El 28 de enero, Letta, que ahora es presidente del Instituto Jacques Delors, intervenía en Bruselas en la presentación de la propuesta “Para una política europea de asilo, migración y movilidad”, el autor de la cual es Jérôme Vignon, un asesor del propio Instituto. Querían que su propuesta apareciera antes de las próximas elecciones europeas. Letta dijo que durante los últimos comicios europeos (2014), donde él fue elegido europarlamentario, la migración no había sido central. Fue un tema marginal en la campaña, erróneamente ocultado. Y, en cambio, en los últimos años la situación migratoria ha tenido un impacto enorme en el debilitamiento de la UE. Ha sido la causa principal de que varios partidos populistas antieuropeístas ganen las elecciones, de la próxima salida de un estado miembro (Brexit), o de la interrupción temporal de la libertad de movimientos dentro del territorio -el área Schengen-. A raíz de la crisis de los refugiados de Siria, varios estados europeos corrieron a reactivar los viejos muros interiores: los de Suecia con Dinamarca, los de Dinamarca con Alemania, los de Alemania con Austria, los de Austria con Eslovenia, y más. En esta legislatura la UE tampoco ha podido reformar el sistema de Dublín2. Una reforma que habría hecho obligatorio que a estados que no reciben directamente refugiados les fueran enviados desde los estados que los reciben masivamente y en primer lugar; por ejemplo, una muchacha afgana que llega a la costa de Sicilia y es reenviada a Irlanda. Esta reforma ha quedado pendiente.

Letta dijo que ahora, en la campaña de 2019, necesitamos un cambio radical de prioridad. Hay que aprender la lección. Es necesario que los europeístas hablen del tema. El punto de partida es que parte de la opinión pública está polarizada entre el rechazo y la aceptación, y hay una mayoría que vive en la duda sobre qué actitud tomar ante la situación migratoria. Les llega un mensaje contradictorio: la situación está fuera de control, y a la vez, “no pasa nada”. Pero, ¡claro que pasa!

¿Qué significa voces “europeístas” o “antieuropeístas”? No es lo mismo que ser de izquierdas o de derechas. De grandes europeístas hay tantos a la derecha como a la izquierda…

El antieuropeísmo quiere menos integración europea. Y quiere también reducir los valores fundamentales de la Unión, que encontramos en los artículos 2, 3 y 4 de su principal Tratado. Son unos cuantos, los valores, y quizás todos se pueden incluir en uno que, además, ha sido escrito en primer lugar en el Tratado: el respeto de la dignidad humana.

En consecuencia, el europeísmo debería significarse por ser una voz radicalmente defensora de la dignidad de todas las personas, y también de la de los inmigrantes. Pero, al mismo tiempo, para reconocer explícitamente los aspectos duros de la política migratoria, porque la seguridad es también un valor fundamental de la Unión. El europeísmo afirma que hace falta control, y siempre con garantía de la dignidad de las personas. El europeísmo siempre ha dicho lo mismo, desde el primer momento en que la UE recibió competencias migratorias, en 1999. En Tampere, el Consejo Europeo acordó una política “integral”, que afirma que todos los segmentos del tema deben ser gestionados al mismo tiempo. Cruzar fronteras legalmente, integrar socialmente, reconocer derechos, expulsar, cooperar al desarrollo… No es una paradoja: es una gestión muy compleja, pero del todo posible. Y como cada segmento funciona a ritmos diferentes: ¡más complejidad aún! El hecho de simplificar es populista, propio de fanáticos. “El populismo trata de explicar que las cosas son simples, cuando son mucho más complejas de lo que parece” (Herman De Croo). Hay que gestionar todo el conjunto y asegurar la dignidad de las personas. Esta política se ha repetido siempre, desde hace veinte años. Se ha salido adelante poco a poco desde 1999, mejor o peor y a veces a trompicones, como cuando la crisis de Siria.

Finalmente, los y las europeístas se distinguirían por querer ser una voz distinta de los estados. Enrico Letta dijo que en las elecciones de 2014 la UE había callado. Que su voz se oiga, que no se calle, que no deje la voz política sólo a fuerzas civiles, religiosas o antieuropeas. El silencio -que no la ausencia- de la institución es incomprensible para la gente, que busca razones y respuestas y las encuentran en quien las ofrece. Imaginemos una reunión para hablar de la huelga del taxi por los Cabify y Uber, y que sólo hablaran sindicatos, patronales, asociaciones de vecinos y partidos políticos… Y las administraciones, ¿qué? Y en migración, la voz singular de Europa, ¿qué? Después de la Segunda Guerra Mundial, los padres de Europa, y algunas generaciones posteriores de líderes, la “construyeron” con acción política y con discursos. Muchos líderes poderosos del momento estaban en contra, por ejemplo Churchill y De Gaulle. La gente no sabía en qué consistirían las comunidades europeas originarias. Lo escucharon, lo aprendieron, lo hicieron suyo.

Hoy, el factor que más división crea entre los estados no es el salvamento de vidas en el mar. La lucha política es que la migración legal tenga mucho más protagonismo. Hay un grupo de estados (¿europeístas?) que siempre bloquea los acuerdos del Consejo sobre la migración legal. Esta significa que para los migrantes sea una alternativa real, y no una hipótesis, entrar en Europa legalmente o bien clandestinamente y, una vez dentro del continente, encontrar condiciones homogéneas y plausibles de trabajo digno. Se necesitan: cumplimiento real de los acuerdos ya firmados de movilidad laboral entre la UE y terceros países, coordinación consular, sistemas unificados de autorizaciones de trabajo, administraciones igualmente rápidas en dar respuestas, sistemas unificados de reconocimiento de cualificaciones profesionales, y más3

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(1) Xavier Alonso, trabaja en la delegacion de la Generalitat de Cataluña en Bruselas y es miembro del patronato de la Fundació Migra Studium. 

(2) La idea principal de la propuesta del Instituto Jacques Delors es reformar el sistema de Dublín mediante una cooperación reforzada. Este método es el que permitió acordar el Pacto Fiscal Europeo de 2012. Si todos los países de la UE no son capaces de ponerse de acuerdo, hay que hacer un tratado entre los que sí quieran, un grupo “solidario” donde se distribuirían los solicitantes de asilo según unos coeficientes. Ahora mismo, Euskadi impulsa una iniciativa similar, la “Propuesta Share”, donde participarían estados pero también regiones y municipios.

(3) Agradezco la lectura crítica de este artículo por parte de Ignasi Carreras, Jordi Cerdà y Blanca Escribano.

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