Budismo zen, la esencia y el instante

Budismo zen, la esencia y el instante

Crónica del encuentro Religiones y Fogones organizada por la Casa Turca y Migra Studium. Publicada en el blog Diálogo interreligioso y alimentación. El sábado 18 de febrero nos reencontramos nuevamente alrededor de los fogones. Nuestra intención: compartir unas horas haciendo experiencia de una tradición religiosa, teniendo como hilo conductor el hecho alimentario. El budisomo zen ha sido la nueva experiencia, y el nuevo hilo conductor, una preparación aparentemente simple, pero llena de contenido. La sopa genmai, elaborada con verduras y arroz, es la receta que nos acompaña a lo largo de nuestro encuentro. "La única receta que tenemos en el templo", como nos recuerda Jordi que, con Elena, han conducio la sesión. Comprar los ingredientes y escogerlos con atencinón a primera hora de la mañana en un mercado próximo, ha sido la primera tarea de nuestros amfitriones. Un gesto delicado, que no será el único de la mañana. En pocos minutos, Elena y Jordi nos han preparado la mesa de trabajo: organizada, pulcara, con una estética especial: los colores de los diferentes ingredientes parecen haber sido colocados, también, con cierta delicadeza.... Nuestros amfitriones nos recuerdan que el samu es el trabajo que un hace entre meditación y meditación, entre espacios de oración. Es la práctica diaria que hemos de dedicar al mantenimiento de nuestra vida: la limpieza, la cocina... Todos aquellos aspectos que son importantes...y que hay que cuidar, integrar, transformándolos, también, en un espacio de atención justa, de benevolencia, de ofrecimiento, de agradecimiento. Por esta razón, el trabajo en la cocina a lo largo de esta sesión se ha convertido en un verdadero espacio de silencio en el que todo el mundo ha ido entrando. Lentamente, con naturalidad. Cortar una verdura se puede convertir en un acto de cuidado, hacia uno mismo y hacia los otros. Alguien lo expresaba con sorpresa: en algun momento parecía que los utensilios se sincronizaban, como si de un acto comunitario se tratase. La sopa se prepara durante horas, primero a fuego fuerte, después lentamente... Reseguimos así el ciclo de la vida. Y si hacemos durar la cocción, permitimos que el grano de arroz se abra, cada vez más, como ofrenda a todo el universo. Un pequeño buda preside la cocina. El incienso perfuma el ambiente, pero solamente al principio. Después queda ahogado por el aroma de la sopa que hierve, con esa delicadeza que ya nos empieza resultar familiar. Y mientras todo esto sucede, nos invade un aire de paz. Nuestro ritmo voraz va disminuyendo con el paso de las horas, con el chup-chup de la genmai. Incluso, cuando hablamos, lo hacemos con cierto cuidado: como si tuviésemos que respetar algo sagrado que circula por la atmósfera. La mesa bien pueta nos espera. Nos sentamos y, obedientes, seguimos las indicaciones de Jordi. Escuchamos los sutras recitados con una vibración y tono muy especiales. Pasa lo mismo con el sonido del metal que resuena en manos del anfitrión, y que nos invita a empezar la compida. "Que este alimento se expanda por todo el universo..." Nos llega. Repartimos la sopa: se trata de servir a la persona que tengo delante y de dejarme servir por ella, mientras hago un gesto de acotida. Comemos en silenci. Todo pasa como si de un instante se tratase. Con una simplicidad inusual. Incorporando aquello vivido a partir de una senzilla pero densa preparación culinaria. Nos parece estar introduciendo en nuestro interior la experiencia de toda la mañana: cuidado, delicadeza, la armonía, el silencio, la atención justa, la benevolencia... El bol que contiene la sopa reposa sobre nuestras manos, también incorporado en el acto de comer. Una mañana que es un instante. Un instante que, con simplicidad, nos ha permitido captar algo esencial y sagrado a la vea: la vida, la mía y la de los otros.

Notícies relacionades